miércoles, 23 de abril de 2014

La Revolución Norteamericana

RESUMEN

La presente investigación trata acerca del proceso revolucionario norteamericano y del quiebre con la monarquía británica y las diversas opiniones que tienen los historiadores y estudiosos de esa época.
A lo largo de la investigación se trataran dos cuestionamientos o problemas al respecto, si la revolución americana fue realmente una revolución de toda la sociedad o solo de las clases dirigentes, y si realmente se trataba de una revolución política o social.
Entre las diversas posturas existentes acerca de este proceso, algunos estudiosos sostienen que fue una revolución sólo de la clase dirigente, de la élite de la época y se dejó de lado a gran parte de la población, compuesta por esclavos, indios y mujeres, otros historiadores sostienen que toda la sociedad participo en el proceso revolucionario y posterior consolidación de la democracia.
También existen autores que creen que la revolución americana solo perseguía fines políticos y no sociales, excluyendo problemas como la pobreza y la estructuración de la sociedad, por lo cual su proyecto se pudo concretar y establecer constitucionalmente, no así en otras revoluciones de la época, como la francesa.
Dentro de la investigación se abordaran problemas o cuestionamientos desde las perspectivas de siete autores, el historiador marxista Howard Zinn y su obra La Otra Historia de los Estados Unidos, la filósofa política de origen judío Hannah Arendt y su libro Sobre la Revolución, los historiadores estadounidenses Robert Palmer y Joel Colton y su obra Historia Contemporánea, el historiador chileno Cristián Guerrero Yoacham y sus obras Breve Historia de los Estados Unidos de América y Las Causas de la Revolución Norteamericana y la Declaración de Independencia, el destacado historiador norteamericano Edmund Morgan y su texto El Nacimiento de la República, el historiador y filósofo judío Hans Kohn y su libro El Pensamiento Nacionalista en los Estados Unidos y el historiador norteamericano Gordon Wood y su texto La Democracia y la Revolución Norteamericana.

PALABRAS CLAVES: Revolución Americana, Norteamérica, Declaración de la Independencia y Libertad.
  
ABSTRACT

This research is about the American revolutionary process and the break with the British monarchy and the various views that historians and scholars have of the time.
Throughout the research will be treated two questions or problems about this, if the American Revolution was really a revolution of all society or only the ruling classes, and if it was a political or social revolution.
Among the various existing postures on this process, some scholars argue that it was only ruling class’s revolution, only elite’s of the time and it set aside a large proportion of the population composed by slaves, Indians and women, other historians say that the whole society participated in the revolutionary process and subsequent consolidation of democracy.
There are also authors who believe that the American Revolution sought political purposes only, not social, excluding issues such as poverty and the structuring of society, so their project could define and establish the Constitution, not such as other revolutions of the time as the French.
Within the research it will be treated problems or issues from the perspectives of seven authors, the Marxist historian Howard Zinn and his work The Other History of the United States, the jewish origin political philosopher Hannah Arendt and his book On Revolution, American historians Robert Palmer and Joel Colton and his work Contemporary History, Chilean historian Cristian Guerrero Yoacham and his works Brief History of the United States of America and the Causes of the American Revolution and the Declaration of Independence, the leading American historian Edmund Morgan and his text the Birth of the Republic, the Jewish historian and philosopher Hans Kohn and his book Nationalist Thought in the United States and the American historian Gordon Wood and his text Democracy and the American Revolution.

KEY WORDS: American Revolution, North America, Declaration of Independence and Freedom.
  
INTRODUCCIÓN

A lo largo de la costa atlántica de lo que hoy conocemos como Estados Unidos, en el año 1765 vivían 1 millón 450 mil blancos y 400 mil esclavos súbditos del Rey Jorge III de Inglaterra, alrededor de una tercera parte de la población del Reino Unido, pero los colonos no tenían representación en el parlamento. El área de colonización se extendía desde el rio  Penobscot en el norte al rio Altamaha en el sur y hacia el interior del país a la frontera de los montes Apalaches.
Dentro de esta área prosperaron trece comunidades políticas separadas, sometidos a la autoridad de la Corona Británica, pero que disfrutaban de grandes poderes de autogobierno. La vida era predominantemente rural, la economía agraria, la religión protestante, el origen inglés y la política era la preocupación de los hombres que poseían bienes.
La Revolución Norteamérica “comenzó a tomar forma después de firmarse el tratado de París en Febrero de 1763, cuando Inglaterra, cuyo control sobre sus colonias siempre había sido inefectivo, decidió mejorar el sistema. A raíz de las adquisiciones de nuevas colonias a consecuencias de la guerra (de los siete años)”[1].
Este proceso de Independencia que comenzó a consolidarse el 4 de julio de 1776 con la declaración de la independencia, no sólo anuncio el nacimiento de una nueva nación, también expuso una filosofía de la libertad humana, por lo tanto luchar por la independencia de América era luchar por un gobierno basado en el consentimiento popular, que tomaría el lugar de un gobierno encabezado por un rey lejano, sólo un gobierno popular podría garantizar la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Esta revolución trajo consigo muchos cambios en esta sociedad, se rompieron los lazos con la corona y el parlamento inglés, se modificó la posesión de la tierra, se estructuro al gobierno en tres ramas: ejecutivo, legislativo y judicial, las 13 colonias pasaron a formar un estado confederado y afirmaron su autonomía con las constituciones de cada estado, en donde se garantizaban los derechos inalienables de la Declaración de la Independencia.
Pero para algunos historiadores esta revolución no trajo grandes cambios en la sociedad norteamericana, ya que con anterioridad las colonias contaban con instituciones e instancias de participación, y gozaban de un cierto grado de autonomía política, por lo tanto esta no sería una revolución como las que conocemos actualmente, ya que el concepto de revolución en la actualidad está muy influido por la Revolución Francesa.
Autores como Hannah Arendt sostienen que la Revolución Americana fue la verdadera revolución y la única que logro sus objetivos, ya que consolido el modelo democrático y político en base a la libertad. Aunque existen discrepancias en torno a la participación de toda la sociedad en la revolución, ya que algunos autores proponen que no se trató de una revolución social sino de una revolución política con fines autonomistas, por lo tanto no toda la sociedad participo, dejando excluidos a los esclavos, indígenas y a las mujeres.
Ante este panorama cabe cuestionarse ¿si realmente la Revolución Americana fue una revolución de toda la sociedad o solo participaron las clases acomodadas? Si existían intereses particulares para consolidar la independencia en ciertos sectores de la sociedad, o si verdaderamente los padres fundadores estaban influidos por el pensamiento ilustrado de la época.
También queda la duda de ¿Si verdaderamente se trataba de una revolución política y no social? Ya que a diferencia de otras revoluciones los cambios en la estructura de la sociedad no son apreciables, pero sin embargo la Declaración de la Independencia promovía los valores de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, y promovía la igualdad de todos los seres humanos.
  
DESARROLLO

A continuación se desarrollan las ideas de los autores en torno a la problemática anteriormente expuesta.

Howard Zinn
Uno de los autores en los cuales se basa esta investigación es el historiador social estadounidense Howard Zinn. Sus ideas provenían del marxismo, el anarquismo y el socialismo. Se desprende de su obra La Otra Historia de los Estados Unidos que la Declaración de la Independencia y el proceso revolucionario eran promovidos por las clases privilegiadas, quienes buscaban mejorar sus condiciones de comercio y fortuna.
Para Zinn la Revolución Americana no benefició a todos los americanos, “algunos americanos fueron claramente excluidos de este círculo de intereses que significaba la Declaración de la Independencia, como fue el caso de los indios, los esclavos negros y las mujeres[2]”. En la declaración de la Independencia
“el uso de la frase "todos los hombres son creados iguales" seguramente no pretendía referirse a las mujeres. Su inclusión no era ni remotamente posible. Eran políticamente invisibles. Y aunque las necesidades prácticas conferían a las mujeres cierta autoridad en el hogar, ni siquiera se las tomaba en cuenta a la hora de otorgar derechos políticos y nociones de igualdad cívica”[3].
Zinn acusa que la Declaración de la Independencia fue una excusa para alistar al resto de la sociedad en la guerra por la independencia,
“la realidad que yacía en las palabras de la Declaración de Independencia era que una clase emergente de gente importante necesitaba alistar en su bando a los suficientes americanos como para vencer a Inglaterra, sin perturbar demasiado las relaciones entre riqueza y poder que se habían desarrollado durante 150 años de historia colonial. De hecho, el 69% de los signatarios de la Declaración de Independencia habían ocupado puestos en la administración colonial inglesa”[4].
Los primeros hombres en alistarse en la milicia eran parte de la sociedad respetable de la época, quedaron excluidos los indios, los negros libres, los criados blancos y los blancos libres que no tuvieran hogar fijo, pero con el pasar del tiempo, la desesperación llevó al reclutamiento de los blancos menos respetables, incluso vagabundos. El ejército se convirtió en una salida para los pobres, que podían ascender de rango y adquirir dinero.
“Al examinar el efecto de la Revolución en las relaciones de clase, hay que ver qué pasó con las tierras confiscadas a los lealistas que huían. Se distribuían de tal forma que daba una oportunidad doble a los líderes revolucionarios: les permitía enriquecerse a ellos y a sus amigos, y les permitía parcelar terrenos para alquilárselos a pequeños agricultores para así crear una base de apoyo para el nuevo gobierno. De hecho, esto llegó a ser una característica de la nueva nación: al encontrarse en posesión de grandes riquezas, podía crear la casta dirigente más rica de la historia, y le sobraba para crear una clase media que hiciera de muro de contención entre ricos y desposeídos”[5].
Para Zinn el conflicto en sí fue sólo una lucha entre los miembros de las clases privilegiadas,
“Edmund Morgan resume la tipología clasista de la Revolución con estas palabras: "El hecho de que las clases bajas estuvieran involucradas en el conflicto no debería de oscurecer el hecho de que el mismo conflicto era por lo general, una lucha por los puestos de mando y el poder entre los miembros de la clase privilegiada, los nuevos contra los ya establecidos"[6].
Así queda establecido en la obra de
Cari Degler en Out of Our Pasf "No se hizo con el poder ninguna clase social nueva a través de la puerta que abría la revolución americana. Los hombres que diseñaron la revuelta eran, por lo general, miembros de la clase dirigente colonial". George Washington era el hombre más rico de América. John Hancock era un comerciante rico de Boston. Benjamín Franklin era un impresor pudiente. Y podríamos continuar...[7]
Los artesanos, trabajadores, marineros, y muchos pequeños agricultores, fueron convertidos en "pueblo" por la camaradería del servicio militar, y por la repartición de las tierras. Así se creó un cuerpo de apoyo, un consenso nacional a la revolución, que incluso con la exclusión de la gente ignorada y oprimida, podría llamarse "América".
Zinn describe la situación de los arrendatarios como ejemplo, muchos dejaron de pagar las rentas y el parlamento introdujo una ley para confiscar las tierras de los lealistas y añadir 400 pequeños propietarios a los 1.800 que ya existían. Dejaron de ser arrendatarios, pero debían pagar hipotecas a los bancos en vez de a los terratenientes.
La revolución permitió que la élite colonial reemplazara a los leales de Inglaterra, dio algunos beneficios a los pequeños propietarios, pero dejo a los trabajadores y agricultores en la misma situación.
La declaración ignoro a los nativos americanos, con la expulsión de los británicos, los americanos podían empezar el proceso de expansión de tierras, matándolos si mostraban resistencia. Esta es la razón por la cual los indios lucharon en el bando ingles durante la revolución.
Zinn recalca que
“la posición inferior de los negros, la exclusión de los indios de la nueva sociedad, el establecimiento de la supremacía para los ricos y los poderosos en la nueva nación, todo esto había quedado ya establecido en las colonias antes incluso de la Revolución[8]”.
En su obra Zinn destaca que la Revolución fue una lucha de la clase dirigente, y que la sociedad ya estaba establecida desde antes del conflicto.
“El historiador Charles Beard propuso, a principios de este siglo, otra visión de la Constitución (levantando olas de ira e indignación e incluso un editorial crítico del New York Times) En su libro An Economic Interpretation of the Constitution, Beard estudió el trasfondo económico y las ideas políticas de los cincuenta y cinco hombres que se reunieron en Filadelfia en 1787 para redactarla. Encontró que la mayoría de ellos eran abogados de profesión, que la mayoría eran ricos en cuanto a tierras, esclavos, fábricas y comercio marítimo, que la mitad de ellos había prestado dinero a cambio de intereses, y que cuarenta de los cincuenta y cinco tenían bonos del gobierno, según los archivos del departamento de la Tesorería[9]”.
La mayoría de los redactores de la Constitución tenían intereses económicos directos para establecer un gobierno federal, los fabricantes querían tarifas protectoras, los prestamistas querían acabar con el uso del dinero en metálico para la devolución de las deudas, los especuladores inmobiliarios querían protección para invadir los territorios indios, los propietarios de esclavos necesitaban seguridad federal contra las revueltas de esclavos y los fugitivos, los obligacionistas querían un gobierno capaz de recaudar dinero en base a un sistema impositivo nacional, para así pagar los bonos, etc.
Según Zinn la Constitución no sólo fue redactada para el beneficio personal de los Padres Fundadores, sino para beneficiar a los grupos que representaban los intereses económicos que entendían a través de su experiencia personal,
se entrevé el interés económico que yace en las cláusulas políticas de la Constitución, el documento se convierte no ya en el trabajo de hombres sabios que intentan establecer una sociedad decente y ordenada, sino en el trabajo de ciertos grupos que intentan mantener sus privilegios, a la vez que conceden un mínimo de derechos y libertades a una cantidad suficiente de gente como para asegurarse el apoyo popular[10]”.
“In fact, the Constitution was drawn up by fifty-five men, all white and mostly rich, who represented a certain elite group in the new nation. The document itself accepted slavery as legitimate, and at that time about one of every five persons in the population was a black slave. The conflicts between rich and poor and black and white, the dozens of riots and rebellions in the century before the Revolution, and a major uprising in western Massachusetts just before the convening of the Constitutional Convention (Shays' Rebellion) were all covered over by the phrase "We the people.[11]" (De hecho, la Constitución fue redactada por cincuenta y cinco hombres, en su mayoría todos blancos y ricos, que representaban a un determinado grupo de élite de la nueva nación. El documento en sí aceptaba la esclavitud como legítima, y en esa época una de cada cinco personas en la población era un esclavo negro. Los conflictos entre ricos y pobres y entre blancos y negros, las decenas de motines y rebeliones el siglo antes de la Revolución, y el gran levantamiento en el oeste de Massachusetts antes de la celebración de la Asamblea Constituyente (la Rebelión de Shays) fueron cubiertos por la frase "somos el pueblo")
Se puede deducir a través de la obra de Zinn que la revolución americana fue un proceso encausado desde las élites dirigentes, quienes querían la independencia por los intereses económicos que podía generar, y que no incluyo dentro de este proceso político a todos los grupos sociales, dejando atrás a los indígenas, negros y mujeres, quienes más adelante lucharan por sus derechos en otras guerras.
“La Constitución, pues, ilustra la complejidad del sistema americano sirve a los intereses de una élite rica, pero también deja medianamente satisfechos a los pequeños terratenientes, a los trabajadores y agricultores de salario medio, y así se construye un apoyo de amplia base. La gente con cierta posición que conformaban esta base de apoyo eran un freno contra los negros, los indios y los blancos muy pobres. Permitían que la élite mantuviera el control con un mínimo de coerción, un máximo de fuerza legal y un barnizado general de patriotismo y unidad”[12].

Hannah Arendt
Otra de las autoras en las que se basa este informe es la filósofa política alemana de origen judío, Hannah Arendt. Quien ha estudiado el tema de las revoluciones y los procesos violentos en la historia, haciendo especial énfasis en los totalitarismos.
Arendt en sus obras presta especial atención a la revolución americana, en Sobre la Revolución compara la revolución americana con la francesa, recalcando que muchas veces se tiende:
“a interpretar la Revolución Americana a la luz de la Revolución Francesa, la cual termino en desastre, [la cual] ha hecho la historia del mundo, en tanto que la Revolución Americana a la cual le sonrió la victoria, no ha pasado de ser un suceso que apenas rebasa el interés local”[13].
En su obra Sobre la Revolución indica que las condiciones existentes en América antes de su independencia hicieron posible que la revolución americana triunfara, ya que los hombres gozaban de “igualdad envidiable” que se dio de forma natural en este nuevo mundo, y para algunos solo podría lograrse mediante la violencia y el derramamiento de sangre revolucionaria en el viejo mundo, debido a que esta circunstancia se produjo porque América era un continente nuevo recién colonizado. Para Arendt esta interpretación se ha convertido en un lugar común entre algunos historiadores que indican que nunca hubo revolución en América.
Arendt sostiene que el propósito tanto de la revolución americana como de la francesa era restaurar un antiguo orden de cosas que había sido perturbado y violado por el despotismo de la monarquía absoluta y por los abusos del poder colonial, sin embargo en el transcurso del proceso de la independencia norteamericana sus actores se dieron cuenta que era imposible la restauración y se embarcaron en un proceso inédito, la revolución.
“Todo esto ha suscitado una enorme confusión, especialmente por lo que se refiere a la Revolución americana, la cual no devoró a sus propios hijos y en la cual, por consiguiente, los hombres que habían iniciado la «restauración» fueron los mismos que comenzaron y terminaron la Revolución e incluso vivieron lo suficiente como para elevarse al poder y a las funciones públicas dentro del nuevo orden de cosas. Lo que concibieron como una restauración, como el restablecimiento de sus antiguas libertades, se convirtió en una revolución y sus ideas y teorías acerca de la constitución británica, los derechos de los ingleses y las formas del gobierno colonial desembocaron en una Declaración de Independencia”[14].
Para Arendt la revolución americana aporta el argumento de la novedad absoluta, ya que:
“No existe ningún período de la historia al que pudiera retrotraerse la Declaración de los Derechos del Hombre. Es posible que ya antes se hubiese reconocido la igualdad de los hombres ante Dios o los dioses, ya que este reconocimiento no es de origen cristiano, sino romano; los esclavos romanos podían ser miembros de pleno derecho de las corporaciones religiosas y, dentro de los límites del derecho sacro, su estatuto legal era el mismo que el de un hombre libre. Pero la idea de derechos políticos inalienables que corresponden al hombre en virtud del nacimiento hubiera parecido a los hombres de todas las épocas anteriores a la nuestra, igual que a Burke, una contradicción en los términos”[15].
Arendt a través de su obra nos indica que el concepto de revolución ha cambiado a través del tiempo, con Marx el objetivo paso de ser la libertad de los hombres de sus semejantes y la fundación de la libertad, a la liberación de la sociedad de las cadenas de la escasez. Pero los hombres del siglo XVIII no entendían por pueblo a los pobres y la teoría de la época estaba muy lejos del prejuicio del siglo XIX según el cual todas las revoluciones tienen un origen social.
La Revolución Francesa no logró sus objetivos de libertad, igualdad y fraternidad, debido a que su revolución estaba marcada por la cuestión social y el ordenamiento de la sociedad, en cambio en América la cuestión social, en su expresión más terrorífica de la pobreza de las masas, apenas desempeñó papel alguno en el curso de la Revolución Americana, ya que las condiciones económicas y sociales mínimas que hicieran posible el desarrollo de los planes individuales, era un asunto que estaba resuelto en el momento en que se inició el proceso de fundación de la república democrática en América.
El éxito de la Revolución Americana se debió a que “en realidad, más que pobreza lo que no existía en la escena americana era la miseria y la indigencia”[16]. Quedando excluida la esclavitud ya que en esta época no estaba incluida en la cuestión social, y tanto en América como en Europa era algo natural. Por lo tanto para Arendt la revolución fue un proceso meramente político, en el cual no participo toda la sociedad.
“El problema que planteaban no era social, sino político, y se refería a la forma de gobierno, no a la ordenación de la sociedad. El problema consistía en que <> y la falta de tiempo de la mayor parte de la población suponía necesariamente su exclusión automática de una participación activa en el gobierno, aunque no ciertamente de la representación política y de la elección de sus representantes”[17].
La revolución americana según la afirmación de Adams,
“<>, no a causa de un espíritu específicamente revolucionario o rebelde, sino debido a que los habitantes de las colonias <> y poseían <>; <>”[18].
En América la búsqueda de la felicidad fue inserta entre los derechos de la Declaración de la independencia, esta felicidad era distinta con respecto a la de Francia. Los colonos americanos habían hecho un aprendizaje de esta felicidad, participando espontáneamente en los asuntos públicos antes de la revolución. Los americanos creían que la libertad pública consistía en la participación en los asuntos públicos y que cualquier actividad impuesta por ellos confería a quienes la desempeñaban un sentimiento de felicidad inaccesible por otros medios.
La revolución americana fue exitosa porque logro sus objetivos, nunca amenazó los derechos civiles, y los fundadores llegaron a ser gobernantes. Arendt afirma que sólo la revolución americana ha logrado una institución política, porque fue un acto de libertad y no de liberación, ya que:
“Ni la violencia ni el cambio pueden servir para describir el fenómeno de la revolución; solo cuando el cambio se produce en el sentido de un nuevo origen, cuando la violencia es utilizada para constituir una forma completamente diferente de gobierno, para dar lugar a la formación de un cuerpo político nuevo, cuando la liberación de la opresión conduce, al menos, a la constitución de la libertad, solo entonces podemos hablar de revolución”[19].

Robert Roswell Palmer y Joel Colton:
Palmer conocido comúnmente como R.R. Palmer, era un distinguido historiador estadounidense de las universidades Princeton y Yale, que se especializó en la Francia del siglo XVIII. Colton especializado en la historia europea moderna y contemporánea, fue profesor en la Universidad de Duke y presidio el Departamento de Historia de esa universidad.
Para Palmer y Colton en su obra Historia Contemporánea,
“la insurrección en América fue una revolución tanto como una guerra de independencia[20]”. Para estos historiadores “la declaración de la independencia fue más que un anuncio de secesión del imperio; fue una justificación de la rebelión contra la autoridad establecida[21]”.
En su obra destacan que los derechos inalienables a los que hace referencia la declaración de la independencia entre los que se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, estaban sometidos a una gran limitación ya que no se aplicaban para toda la población, sólo para los varones blancos de origen europeo. En algunos estados fue abolida la esclavitud, pero según Palmer y Colton “la aplicación de los principios de libertad e igualdad, independientemente de la raza excedía de las posibilidades de los americanos de aquel tiempo”[22].
Para los colonos la revolución tuvo un efecto democratizador, según Palmer y Colton, la clase dirigente necesitaba el apoyo de la multitud y para obtenerlo hicieron promesas y concesiones a las clases bajas.
“En algunos estados más hombres recibieron el derecho a voto. En algunos, ahora eran de elección popular los gobernadores y los senadores, y no solamente las cámaras bajas de las legislaturas, como en los tiempos de la colonia. Se adoptó el principio, todavía desconocido de las instituciones parlamentarias de Europa, de que cada miembro de una asamblea legislativa representase, aproximadamente, el mismo número de ciudadanos. El mayorazgo y la vinculación, que a veces favorecían las familias terratenientes que aspiraban a un modo aristocrático de vida, declinaron ante las demandas de los demócratas y de los pequeños propietarios. Los diezmos se acabaron, y las iglesias establecidas, la anglicana en el sur y la congregacionalista en Nueva Inglaterra, perdieron su posición privilegiada, en distintos grados”[23].
También resaltan que la revolución americana no era socialmente tan profunda como la Francesa, la propiedad cambio de manos pero a la ley solo se le modificaron detalles. Insisten en que el significado de la revolución americana fue político y constitucional.
En las constituciones de las 13 colonias, se defendían los derechos inalienables de la declaración pero “ninguna constitución era todavía plenamente democrática; hasta la más liberal concedía algún ventaja en los asuntos públicos a los propietarios”[24].

Cristián Guerrero:
Es Profesor de Historia y Geografía en la Universidad de Chile donde curso estudios, y Master of Arts in History, por la Universidad de California, Berkeley. Se especializa en las relaciones internacionales entre América, Chile y los Estados Unidos.
En este trabajo se analizaran dos de sus obras que estudian el tema de la Revolución Norteamericana, Breve Historia de los Estados Unidos de América y Las Causas de la Revolución Norteamericana y la Declaración de Independencia, que se encuentra en una compilación del mismo autor llamado La Revolución Norteamericana, auge y perspectivas.
Para Guerrero la Revolución comenzó apoyada por una minoría de los norteamericanos, que vieron en la coyuntura de la crisis con Inglaterra provocadas por las leyes del timbre, del té y las coercitivas, un camino a la independencia de las 13 colonias.
“La opinión norteamericana estaba dividida. Fue la minoría “radical” o “whig” de Thomas Jefferson, Samuel Adams, Benjamín Franklin, Jhon Adams y otros la que aprovecho la crisis de las relaciones entre la Metrópoli y las colonias y planteó el camino de la Independencia y el nacimiento de los Estados Unidos de América[25]”.
            Según Guerrero no todos los norteamericanos estaban de acuerdo con los radicales, existía un grupo leal a Inglaterra, y aunque eran minoría eran importantes en la opinión pública.
“Sería un error creer que todos los norteamericanos estaban de acuerdo en su reacción frente a la política de la Metrópoli. Había muchos norteamericanos, como Daniel Dulany, Thomas Hutchinson, Samuel Seabury o Joseph Galloway, que, por muy en desacuerdo que estuviesen con la administración de las colonias, ponía su lealtad a Gran Bretaña y a Jorge III por encima de los intereses locales. Estos “leales”, “loyalists” o “tories” constituían una minoría, pero una minoría importante y significativa en la opinión pública”[26].
Por lo tanto para Guerrero la Revolución no fue apoyada por todos los norteamericanos, existiendo dos bandos que dividieron a la opinión pública de la época.
            Guerrero en Las Causas de la Revolución Norteamericana y de la Declaración de Independencia, sostiene que
“existía una profunda diferencia entre la situación de las colonias de las Indias Occidentales y de las situadas en la costa atlántica del continente norteamericano. Las colonias inglesas del Caribe dependían estrechamente de la metrópoli como mercado para su producción, mientras que a las colonias continentales les sucedía absolutamente lo contrario. Las Indias Occidentales eran, en verdad, provincias económicas de la Gran Bretaña, y gozaban, y estaban agradecidas de ello y de un trato paternalista; las colonias continentales, en cambio, chocaban cada vez más con la economía de Inglaterra y les molestaba y perjudicaba el control ingles[27]”.
Los intereses de las colonias norteamericanas eran muy distintos a las otras colonias inglesas, por lo que “en el desarrollo de las colonias continentales había habido siempre implicaciones de independencia[28]”.
Para Guerrero el sistema que imperaba en las 13 colonias estaba asentado desde la época de la colonia por lo que:
“Tras la independencia de los estados unidos de América no hubo cambios inmediatos y, aunque se hicieron numerosas revisiones de las antiguas instituciones, la permanencia de ellas no significo más que la comprobación de que un largo proceso de dependencia estaba culminando y que los fines perseguidos desde muy antiguo se habían logrado mas por evolución que por un cambio brusco, “por una apetencia madura y reflexiva de la libertad”, como apunta Alexis de Tocqueville”[29].
Posteriormente a la Independencia de las 13 colonias, los norteamericanos trataron de impulsar cambios en la estructura social heredada de la colonia, a lo cual Guerrero sostiene que se trató de una reforma política en vez de una revolución social, ya que no fueron grandes cambios y se llevaron a cabo de forma paulatina.
“Los radicales lograron flexibilizar la antigua estructura social aristocrática, extender el sufragio, dar mayores oportunidades económicas y tratar de hacer desaparecer la esclavitud en los estados del norte… En general, puede sostenerse que el proceso que se iniciaba tenía como meta una reforma social, no una revolución social, primando la idea del cambio gradual, lento y evolutivo por sobre las alteraciones bruscas, herencia colonial y parte fundamental de la idiosincrasia del norteamericano”[30].

Edmund S. Morgan:
Edmund Sears Morgan es un destacado historiador norteamericano especialista en historia colonial norteamericana y puritanos, utiliza enfoques de historia intelectual, social, biográfica y político. Estudio en las universidades de Harvard y Londres, fue profesor en las Universidades de Chicago y Brown, actualmente es profesor emérito de Yale, recibió el premio Pulitzer el año 2006.
En esta ocasión se abordara uno de sus primeros libros, El Nacimiento de la República, en donde explica el proceso de independencia de las colonias norteamericanas.
Para Morgan las colonias ya gozaban de autonomía antes del proceso de independencia ya que las decisiones que venían de Inglaterra tenían que ser aprobadas por las asambleas representativas.
“Para los norteamericanos lo más importante de este imperio, aparte del legítimo orgullo de pertenecer a él, era que no los molestaba. El colono corriente podía pasar el año, incluso toda su vida, sin ver a un funcionario del imperio. Su colonia no había sido fundada bajo la dirección imperial sino por una empresa privada que operaba conforme con lo que equivalía a una licencia del rey de Inglaterra. En la mayor parte de las colonias, el rey designaba al gobernador y le daba directivas, pero una cosa era impartir directivas y otra ponerlas en ejecución; los colonos habían descubierto, desde hacía mucho tiempo, que sus gobernadores estaban imposibilitados de emprender acción alguna sin la ayuda de las asambleas representativas. Aunque los gobernadores podían vetar las leyes, lo mismo que el rey, las asambleas tenían el poder del manejo del dinero y, por lo general, salían haciendo su voluntad”[31].
            Se desprende del texto de Morgan que los norteamericanos estaban orgullosos de pertenecer al imperio, podían autogobernarse a través de las asambleas y no les molestaba ser colonia. Pero cuando el imperio decide aplicar nuevas leyes, subir los impuestos y dejar un ejército en territorio americano, las colonias ven esto como una amenaza a sus derechos de ciudadanos británicos. Si bien podían tomar decisiones y autogobernarse, seguían siendo una colonia.
Morgan señala que la Revolución Norteamericana comenzó por el sentimiento de agravio de las colonias ante las nuevas leyes impulsadas por la corona, en donde no se les había consultado y no tenían participación en el congreso, negando así su derecho ciudadano de estar representado. Las colonias ya no se sentían identificadas con la corona.
Morgan establece que “La Revolución había empezado como una disputa sobre la seguridad de la propiedad y se suponía, corrientemente, que el gobierno existía para proteger la propiedad. Por ello, aquellos que no tenían alguna eran considerados como de muy poco interés para la sociedad”[32].
            Los norteamericanos se organizaron para contrarrestar las medidas ejercidas por la metrópoli, un
“denominador común fue el hecho de que la mayoría de los habitantes de las colonias se ganaba la vida en la tierra. Había cuatro o cinco grandes ciudades –Charleston, Filadelfia, Nueva York, Newport, Boston- y varias poblaciones importantes más en las cuales florecían comerciantes y artesanos, pero la mayor parte de la población del norte y del sur vivía en la tierra que cultivaba. Y, probablemente, la mayor parte (las investigaciones no han revelado aun la proporción exacta), en especial en el norte, era dueña de su tierra”[33].
            Por lo que para Morgan, no toda la población participo de la revolución, pero si gran parte de ella, ya que la mayoría poseía tierras y tenían derecho a participar en la sociedad. “Esta propiedad difundida de la tierra es, tal vez, el hecho aislado más importante acerca de los norteamericanos del periodo revolucionario. Quería decir que no estaban separados en forma tan absoluta entre ricos y pobres como el pueblo del viejo mundo”[34].
            La declaración de Independencia norteamericana en donde se establece que todos los hombres son iguales, tenía otro sentido para los hombres de la época, “La declaración de que todos los hombres han sido creados iguales podía significar, por el momento, que los norteamericanos debían tener, como nación, la misma independencia que gozaban otros pueblos”[35].
Ya que en “Norte América no existía una distancia tan grande como en Inglaterra entre el estado hipotético de naturaleza y el estado vigente de la sociedad. No existía aquí una nobleza titulada y una clase campesina degradada. La mayor parte de la gente poseía tierras y disfrutaba de independencia económica.[36]
            Para Morgan la revolución norteamericana no tenía como fin la reforma de la sociedad, sino mantener un gobierno igualitario y autónomo, que no dependiera de los ingleses.
“La mayor parte de los norteamericanos creía que no era necesario algo tan radical. En pocos años verían, con una mezcla de admiración y horror, como el pueblo de Francia se reducía a ese estado de naturaleza, pero entre ellos no había una gran urgencia de reconstruir la sociedad. Aunque se habían adherido firmemente al principio de la igualdad humana, la mayor parte de ellos lo aplicaban sólo a la igualdad con los ingleses y no se detuvieron a examinar que desigualdades podrían existir en sus relaciones reciprocas. Lo importante no era reformar la sociedad, sino mantener el gobierno subordinado a ella”[37].
            Morgan establece que sólo los colonos dueños de sus tierras participaron en el proceso de la revolución, los que eran mayoría, ya que la mayor parte de la población poseía tierras y participaba en la sociedad. Además establece que por esta misma situación los colonos no perseguían modificar la sociedad sino solo establecer un gobierno autónomo que no fuera dependiente de Inglaterra, el fin perseguido era poseer igualdad como otros imperios o naciones de la época y no reformar la sociedad como los franceses.

Hans Kohn:
Es un historiador y filósofo judío, participó activamente en organizaciones sionistas, especializado en el tema de los nacionalismos, el paneslavismo, el pensamiento alemán, y el judaísmo.
De este autor se abordara el libro El Pensamiento Nacionalista en los Estados Unidos, en donde explica el nacimiento del nacionalismo en Norteamérica.
Kohn indica que las condiciones sociales y políticas en Norteamérica eran muy distintas a las que habían en Europa, y por esta situación difiere tanto la revolución norteamericanas de otras de la época.
“Mientras en Europa continental la revolución debía luchar contra privilegios obsoletos y agresivos, en América esta situación no tenía cabida. Mirando retrospectivamente, el historiador puede afirmar que la revolución de las trece colonias no se realizó por motivos de “opresión”. Bajo el gobierno imperial británico las colonias eran política y socialmente más libres y aparecían menos oprimidas por impuestos y jerarquías obsoletas que cualquier parte del mundo, incluyendo Inglaterra. Los inmigrantes ingleses en América no tuvieron que liberarse, y dentro de lo posible en la época, estaban más identificados con las ideas de Rousseau, de nacer libres, que cualquier otra porción de la humanidad. Fue precisamente este sentido de fuerza, libertad y prosperidad económica el que hizo inevitable la separación de las trece colonias, a pesar de todas las afinidades, con la madre patria”[38].
            Para Kohn la burguesía ni el proletariado eran conocidos en Norteamérica, las colonias eran parte de la clase social media, por lo que no existió una lucha social como en Europa.
“Los Estados Unidos representaban una revolución social lograda sin una violenta conmoción social: fue la primera clase social media en la cual la aristocracia feudal era tan desconocida como el proletariado. Lo que Karl Marx consideraba el problema central de la moderna Europa –la lucha de la burguesía contra la aristocracia y la del proletariado contra la burguesía- no hallo similar en la realidad norteamericana[39].
        Kohn señala que “la sociedad americana era prácticamente una sociedad sin clases[40]”, en Norteamérica la clase media la formaban los comerciantes y los campesinos,  no existía la aristocracia y los pobres y oprimidos eran los esclavos negros, que luego conseguirían su libertad.
“Edward Everett apuntaba “que en este país, la rueda de la fortuna está en continuo movimiento, y que los pobres de una generación son los ricos de la próxima”. Mucho antes de la consolidación del “progresivo” capitalismo americano del New Deal, Friedrich Engels percibió la ausencia de lucha de clases en el proletariado americano. El 31 de diciembre de 1892 escribió a Sorge: “Es muy natural que en un país tan joven, que jamás conoció el feudalismo y que ha crecido sobre las bases burguesas, los prejuicios de este tipo estén tan fuertemente impregnados en la clase trabajadora. En contraposición a la madre patria, vestida con un disfraz feudal, el trabajador americano entiende el régimen burgués, tal cual lo heredó, como algo progresista, superior por naturaleza y ante todo, un non plus ultra.[41]
            Además Kohn señala que no se pueden aplicar las teorías de la lucha de clases propuesta por el socialismo científico a una nación como la norteamericana, ya que eso sería desconocer la realidad norteamericana y su herencia de libertad, originada en la libertad inglesa.
“Sin embargo los padres del socialismo científico tenían que encuadrar los hechos de la vida americana en su esquema histórico. En una carta fechada el 30 de junio de 1881, Marx escribió a Sorge que en América “la economía capitalista y la correspondiente esclavitud de la clase trabajadora se ha desarrollado más rápida y vergonzosamente que ningún otro país”, y Engels estaba convencido de que “hasta en América las condiciones de la clase trabajadora debían hundirse progresivamente cada vez más[42]”.
En Norteamérica los derechos se basaban en el trabajo, la iniciativa personal, y en la administración, a diferencia de Europa en donde aún se hacia la distinción entre las personas por su origen.
“Desde el comienzo de su existencia nacional, los Estados Unidos –representando nuevamente un caso único- eran una nación de clase media enraizada en la mejor de las tradiciones de Locke. La  propiedad y la jerarquía no se basaban, como en la Europa continental del siglo XVIII, en el derecho de cuna o la herencia, sino en el trabajo, en la iniciativa particular, en la buena administración y en el carácter”[43].
      Kohn por lo tanto en su obra señala que la no existencia de clases sociales en Norteamérica influyó en que la revolución norteamericana no buscara reivindicaciones sociales, solo políticas, por lo tanto el proceso solo buscaba la autodeterminación para gobernarse ellos mismos y ampliar sus fronteras geográficas y económicas sin la supervisión de los ingleses.

Gordon S. Wood:
Es profesor emérito de la Universidad de Brown y ganador del premio Pulitzer. Fue profesor en las Universidades de Harvard, Michigan y Cambridge.
En este trabajo se analizara el texto La Democracia y la Revolución Norteamérica, compilado en el libro Democracia el Viaje Inacabado.
            Para Wood en la revolución participaron todos los norteamericanos, ya que a través de la declaración de la Independencia constituyeron nuevos gobiernos que creían en la igualdad de todos los ciudadanos.
“La manera en que los norteamericanos de la era revolucionaria hicieron que el pueblo llano participara en los asuntos del gobierno, no tan sólo como votantes sino también como verdaderos dirigentes. Lo cierto es que, como consecuencia de la Revolución, los norteamericanos concedieron a la gente corriente una importancia cultural y social que hasta entonces jamás había tenido en la historia. Al final, esta incorporación del pueblo llano al gobierno y la sociedad se convirtió en la esencia de la democracia norteamericana”[44].
            Wood indica que a través de la revolución se fue consolidando la igualdad entre los norteamericanos, debido a la participación de toda la ciudadanía.
“La igualdad, que era tan crucial para la ciudadanía republicana, adquirió en Estados Unidos una significación garantizada que no podía ser restringida, y la gente corriente, cuya inferioridad y necesidad de trabajar la había hecho despreciable para sus superiores desde los comienzos de la historia, encontró en la igualdad republicana una poderosa justificación para su amor propio y para la afirmación de sí misma. En consecuencia, la importante y ancestral distinción entre caballeros ociosos y vulgo trabajador, que los dirigentes revolucionarios seguían intentando honorar, se fue difuminando hasta quedar finalmente disuelta. Al mismo tiempo, el pueblo norteamericano, como origen republicano de toda autoridad, no estuvo dispuesto a verse representado exclusivamente por dirigentes señoriales, por muy educados, acomodados o ilustrados que fuesen. Insistieron en que deseaban que su consentimiento fuese continuo y explicito, como venían afirmándolo desde los mismos comienzos del debate imperial”[45].
        Gracias a esta concepción de igualdad, y a la instauración de un gobierno representativo, los norteamericanos dieron derecho a voto a casi toda la población, para así consolidar la República y la Democracia. “En la época en que los europeos se debatían todavía con los problemas de incorporar a los estamentos y otros grupos sociales en el gobierno, los norteamericanos se apresuraron a conceder el voto a casi toda la población blanca, masculina y adulta”[46].
            Para Wood la sociedad americana distaba de la europea en su actitud al trabajo y su criterio igualitario, ya que todos trabajaban.
“Es posible que nada separase más a los norteamericanos de los europeos, a principios del siglo XIX, que su actitud hacia el trabajo y su criterio igualitario y democrático de que todo el mundo debía trabajar. Como todos trabajaban, y no solo una clase obrera, no es sorprendente que se inhibiera el desarrollo de un movimiento socialista en Estados Unidos[47]”.
            Por lo tanto para Wood la revolución significo un avance en el plano político y social, ya que a través de ella se fue consolidando la igualdad social, aunque las diferencias con Europa eran notables. El proceso revolucionario en si logro una nueva forma de gobierno basada en la democracia, con la cual todos los ciudadanos podían participar y sentirse representados.

CONTRASTACION DE AUTORES

De los siete autores analizados, a la interrogante de si toda la población de la época participo en el proceso revolucionario o si solo fue una elite, se puede decir que aún no está claro el papel que jugaron las elites en la revolución, para el historiador marxista Howard Zinn claramente detrás de la revolución habían intereses económicos, y para la filósofa política Hannah Arendt la revolución fue un paso de la sociedad norteamericana colonial que ya estaba establecida desde antes y en donde participo la sociedad de la época (todos los hombres blancos con derecho a voto, excluyendo a los indígenas y esclavos, algo natural en esa época), para Palmer y Colton, la clase dirigente tuvo que hacer muchas concesiones para poder conseguir el apoyo popular y sacar la revolución adelante, con lo cual se vio comprometida toda la sociedad, menos los esclavos, quienes para la época no eran aceptados socialmente y no eran vistos como iguales.
En tanto para Guerrero la sociedad norteamericana se dividió entre los radicales y los leales a la corona, los que dividieron la opinión pública de la época, en tanto Morgan establece que solo los colonos dueños de tierras participaron en el proceso, por lo tanto participo la mayoría de la sociedad, ya que la mayoría de la población trabajaba y tenía tierras. Kohn postula que en la sociedad norteamericana de le época no existían clases sociales, la población formaba parte de una gran clase media que agrupaba a toda la población, por lo que la mayoría participo en el proceso revolucionario, en tanto para Wood dentro del mismo proceso revolucionario se fueron dando las instancias para que toda la población participara, ya que a través de la declaración de la independencia y la formación de nuevos gobiernos que creían en la igualdad se logró consolidar la democracia representativa.
Ante la interrogante de si la revolución perseguía fines sociales o solo políticos, los autores, entre ellos Howard Zinn, destaca que existían pobres en las colonias, y que estos fueron tentados por la guerra, ya que era una forma de conseguir dinero y salir de la pobreza, pero la revolución en si no proponía cambios en la estructura de la sociedad, Arendt en su obra indica que en las colonias la pobreza dura, la indigencia, no existía, por lo tanto las reivindicaciones sociales no estaban incluidas en la revolución. En esto coinciden Palmer y Colton, quienes indican que la revolución perseguía un fin político, el de democratizar las instituciones existentes, aunque en su obra no profundizan en el tema social, solo sostienen que la propiedad cambio de manos, pero no hubo un cambio sustancial, ya que en esa época la democracia aún no se consolidaba plenamente.
Para Guerrero la revolución perseguía fines políticos de autogobierno, y no s podría hablar de una revolución social, solo de una reforma, ya que los cambios que se impulsaron no fueron grandes y fueron a largo plazo. Para Morgan el fin perseguido con la revolución era netamente político, formar un autogobierno para no depender del imperio, no existía un fin social ya que la población no tenía las diferencias que existían en Europa. Para Kohn el hecho de que no existieran las clases sociales en Norteamérica fue lo que impulso una revolución política, que solo perseguía la autodeterminación de gobernarse ellos y ampliar sus fronteras geográficas y el comercio. En cambio para Wood el proceso revolucionario implico cambios políticos y sociales, la revolución logro la igualdad para todos los ciudadanos de América e instauro un gobierno basado en la democracia participativa.
  
CONCLUSION

A través de los autores estudiados en esta investigación, se puede decir que la revolución americana si bien presenta consensos en algunos temas, todavía no tiene una clara definición en otros.
Para los siete autores la revolución americana no tenía intenciones de cambiar la sociedad, los colonos no tenían una sociedad estrictamente estructurada, existía tolerancia religiosa, y por lo menos para Arendt la pobreza no era un problema, por lo cual la meta de los colonos era consolidar y expandir la libertad y prosperidad de su estilo de vida, y no cambiar la sociedad a través de la liberación del hombre.
Los autores coinciden en que la participación en la revolución fue impulsada por un grupo de radicales que fueron incorporando al resto de la población en el proceso revolucionario.
Respecto a la problemática social, para Zinn está claro que no toda la sociedad norteamericana fue parte de la revolución, ya que gran parte de la población eran negros esclavos, indígenas y mujeres, quienes eran inexistentes para las clases dirigentes, y quienes participaron solo eran los hombres blancos con propiedades.
Morgan sostiene que el fin perseguido por la revolución era la igualdad ante otras naciones, más que la igualdad entre los hombres.
Es importante señalar que para Kohn no existían las clases sociales en Norteamérica, por lo cual no se produjo una revolución social como en Francia, ya que toda la población formaba parte de una clase media, heredada de Inglaterra en el periodo de la colonia.
Para Arendt y para Palmer y Colton los grupos dirigentes incluyeron a la mayoría de la población, ya que la esclavitud era algo natural en la época en todo el mundo, quienes tampoco fueron incluidos en la declaración de los derechos del hombre de la Revolución Francesa.
Solo con el pasar de los años la situación de estos grupos sociales cambiara, las mujeres lograron el derecho a voto, y los esclavos lograron su libertad solo a través de la guerra de secesión en 1865. En cambio los indígenas verán como el expansionismo de los estados acabara con sus tierras y disminuirá su población.
Queda la duda a través de estos autores, de si en realidad la revolución norteamericana se trató realmente de una revolución, los siete autores analizados sostienen que se trató solo de un cambio político en las colonias, ya que desde antes tenían autonomía para decidir los asuntos importantes, y el concepto de revolución en la actualidad sostiene un cambio radical, un quiebre total con el régimen establecido, aunque Arendt propone que el concepto actual está basado en la revolución francesa, y que para el siglo XVIII una revolución era una reforma del sistema, queda la duda entonces bajo el sistema de pensamiento actual, si realmente se puede llamar revolución a la independencia norteamericana.


BIBLIOGRAFIA
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·         Guerrero Yoacham, Cristián (1979) Las Causas de la Revolución Norteamericana y la Declaración de Independencia. En: Walter Sánchez y Cristian Guerrero (comp.) La Revolución Norteamericana, Auge y Perspectivas. (1º ed.) (pág. 63-83) Santiago. Editorial Universitaria.
·         Kohn, Hans. (1966) El Pensamiento Nacionalista en los Estados Unidos. Buenos Aires. Editorial Troquel.
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·         Palmer, Robert. Colton, Joel. (1980) Historia Contemporánea. Madrid. Editorial Akal.
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·         Zinn, Howard. (1990) Declarations of Independence. Editorial HarperPerennial
·         Zinn, Howard. (1997) La otra Historia de los Estados Unidos. Euskal Herria, País Vasco. Editorial HIRU.




[1] Guerrero Yoacham, Cristián. Las Causas de la Revolución Norteamericana y de la Declaración de Independencia. Pág. 66.
[2] Zinn, Howard. La Otra Historia de los Estados Unidos. Pág. 73.
[3] Ibíd. Pág. 74.
[4] Ibíd. Pág. 75.
[5] Ibíd. Pág. 82.
[6] Ibíd. Pág. 82.
[7] Ibíd. Pág 83.
[8] Ibíd. Pág 87.
[9] Ibíd. Pág 88.
[10] Ibíd. Pág 96.
[11] Zinn, Howard. Declarations of Independence. Pág. 9.
[12] Ibíd. Pág 98.
[13] Arendt, Hannah. Sobre la Revolucion. Pág. 63.
[14] Ibíd. Pág. 51.
[15] Ibíd. Pág. 53.
[16] Ibíd. Pág. 76.
[17] Ibíd. Pág. 77.
[18] Ibíd. Pág. 128.
[19] Ibíd. Pág. 42.
[20] Palmer, Robert. Colton, Joel. Historia Contemporánea. Pág. 76.
[21] Ibíd. Pág. 76.
[22] Ibíd. Pág. 77.
[23] Ibíd. Pág. 77.
[24] Ibíd. Pág. 78.
[25] Guerrero Yoacham, Cristián. Las Causas de la Revolución Norteamericana y de la Declaración de Independencia. Pág. 66
[26] Ibíd. Pág. 65.
[27] Ibíd. Pág. 64.
[28] Ibíd. Pág. 65.
[29] Guerrero Yoacham, Cristián. Breve Historia de los Estados Unidos de América. Pág. 73.
[30] Ibíd. Pág. 74.
[31] Morgan, Edmund S. El Nacimiento de la República. Pág. 18.
[32] Ibíd. Pág. 126.
[33] Ibíd. Pág. 33.
[34] Ibíd. Pág. 16.
[35] Ibíd. Pág. 105.
[36] Ibíd. Pág. 128.
[37] Ibíd. Pág. 119.
[38] Kohn, Hans. El Pensamiento Nacionalista en los Estados Unidos. Pág. 27.
[39] Ibíd. Pág. 28.
[40] Ibíd. Pág. 29.
[41] Ibíd. Pág. 32.
[42] Ibíd. Pág. 32.
[43] Ibíd. Pág. 32.
[44] Wood, Gordon S. La Democracia y la Revolución Norteamericana. Pág. 104.cli
[45] Ibíd. Pág. 113.
[46] Ibíd. Pág. 114.
[47] Ibíd. Pág. 118.

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